El Arte Sagrado del Oriente Cristiano

Alabar y bendecir al Creador es el objeto sublime de la Iglesia a los ojos del Oriente cristiano. No sólo el aspecto espiritual del hombre, sino también su armazón físico se halla complicado en este acto de adoración, pues toda la creación participa en la eterna liturgia. Este sentimiento de carácter corporativo y cósmico del cristianismo se expresa en el lugar de honor asignado al arte en Oriente.

Un católico romano se puede describir como un miembro disciplinado de una sociedad universal, un protestante como un hombre que se ha entregado a la religión que contiene la Biblia. Un ortodoxo venera a Dios como artista, pues lleva al trono de su Señor y Maestro las obras de su imaginación creadora. Los colores y los dibujos de los iconos, el sonido de las canciones sacras, las cúpulas y arcos de los edificios dedicados a la celebración del misterio divino, son meramente un estímulo útil para el Oriente cristiano; forman una parte integral e indispensable del culto, pues al hombre se le exhorta a humanizar el mundo material, y uno de los medios que tiene a su disposición es el poder transfigurador del arte.

Para una persona formada en la tradición occidental, el arte cristiano oriental parece remoto y enigmático. Su adecuada apreciación requiere una familiaridad con el modo de ver de los que han creado y admirado sus obras maestras. Este capítulo intenta dar una interpretación del significado del arte para el Oriente, especialmente de sus pinturas sacras, o iconos, que han sido objeto de amor y veneración especial entre los ortodoxos.

El Significado de los Iconos y los Frescos para los Ortodoxos.

En la experiencia de los cristianos occidentales no hay nada exactamente análogo al lugar que ocupan los iconos en la vida del Oriente cristiano. Las pinturas sacras no son meramente adecuadas decoraciones para los centros de culto, ni son tampoco consideradas como medios de instrucción visual. Para los ortodoxos, revelan la última finalidad de la creación: ser templo del Espíritu Santo; y manifiestan la realidad de ese proceso de transfiguración del cosmos que empezó el día de Pentecostés y que gradualmente se extiende a todos los aspectos de la vida terrenal. En casa, o de viaje, en las horas de peligro o en los momentos felices, un ortodoxo desea ver iconos, contemplar a través de estas ventanas el mundo que hay más allá del tiempo y el espacio, y asegurarse de que su peregrinación terrenal es únicamente el principio de otra vida diferente y más completa.

Los iconos son oraciones contenidas en madera pintada; se hallan santificados por la bendición de la Iglesia y ayudan a su vez a los fieles en su aspiración al reino celestial realizando la presencia divina. Así, los iconos difieren de las pinturas religiosas mediante el tratamiento simbólico de sus temas, mediante su técnica especial de dibujo y colorido, y, sobre todo, mediante el cambio de su sustancia por el amor el y el poder transformador de quienes los hicieron y de quienes los veneran.

El Tema de los Iconos y Frescos.

Los iconos los frescos se pueden dividir, según su tema, en tres grupos:

1. Retratos del Logos Encarnado, de su Madre y de los santos.
2. Representaciones pictóricas de las festividades y episodios cristianos procedentes de las vidas de los santos.
3. Ilustraciones simbólicas de la doctrina cristiana y de los conceptos teológicos.

Los iconos de retratos son los más populares y difundidos. Al que los contempla recuerdan la persona representada, pero de un modo singular, pues contienen una llamada y un mensaje. Los precursores de estos iconos bizantinos son los retratos funerarios egipcios. Las personas conmemoradas en estas sorprendentes pinturas deseaban ser recordadas por los vivos cuando dejasen este mundo familiar por un mundo desconocido y se despidieran de la existencia. Deseaban retener su vínculo con los amigos y parientes y permanecer en su memoria y oraciones. Por consiguiente, al difunto se le representaba en la primavera de la vida, joven, hermoso, atractivo, con ojos grandes y muy abiertos, intentando así impresionar a las mentes de los vivos con su forma corporal para escapar, (al menos parcialmente) del olvido total de la muerte.

Los primeros iconos y mosaicos cristianos siguieron la misma convención. Los santos a quienes representaban miraban también directamente a los ojos de sus contempladores y deseaban continuar operando en las vidas de sus hermanos cristianos. Como ejemplo de una ininterrumpida tradición, se puede mencionar aquí el icono ruso de Santa Paraskeva, pintado en Novgorod, en el siglo XV. Casi mil seiscientos años lo separan de un retrato egipcio. Uno fue creado en el ardiente desierto africano, el otro en la pantanosa humedad del norte de Rusia. El clima, la raza, la religión, las condiciones sociales y económicas se hallan en agudo contraste, pero estas dos pinturas pertenecen a la misma escuela, pues ambas expresan el convencimiento subyacente de que los hombres han encontrado en el arte un arma efectiva en su lucha contra la aniquilación total. Este icono, junto con el mosaico bizantino de San Demetrio (siglo VI), a pesar de su afinidad con el retrato egipcio, revelan también una diferencia sustancial entre las representaciones cristiana y pagana de los difuntos, pues se introdujeron varias diferencias importantes. Por ejemplo, se alteró la forma de la cara. La exuberancia sensual se descartó haciendo la boca más pequeña, y la nariz más delgada y larga. Se acentuó la naturaleza espiritual del hombre; también se cambió la expresión de los ojos. Ya no eran los ojos de una persona que mira con anhelo al mundo que ama y no desea dejar. Por el contrario, los ojos de los santos daban testimonio de la paz y el contentamiento del que ha llegado a la casa de su Padre. Los santos llamaban a los cristianos para que, siguiendo sus pasos, alcanzaran la misma tierra prometida. También deseaban ser recordados, pero con un propósito distinto en la mente.

Los iconos recuerdan forzosamente a los ortodoxos la realidad del Reino de Dios. Representan a santos victoriosos cuyos rostros y cuerpos cambiados revelan el aspecto de la personalidad humana capaz de compartir la vida divina. Contemplando tales cuadros, el cristiano experimenta una alta compenetración con los santos; le ayuda su ejemplo y le fortalece en su resolución de avanzar por su camino.

El lenguaje de los iconos de retratos siempre se halla restringido adrede, aunque también es elocuente y convencedor. Los que pueden deducir su simbolismo reciben ayuda e inspiración y un entendimiento más profundo de la compleja naturaleza del hombre. A veces, los iconos parecen estirados e impersonales a los ojos occidentales, los cuerpos de los santos parecen extenuados y ascéticos, acentuando con exceso la superioridad de lo espiritual sobre la naturaleza física. Sin embargo, no todos los iconos son adustos. Algunos expresan ternura, compasión y amor, virtudes que el hombre comparte con el Creador. Los cristianos orientales no desprecian el cuerpo. Menos aún lo consideran como obstáculo para la comunión con lo divino, pero creen que necesita purificación y regeneración, y los iconos son una confirmación de esta creencia. Esta victoria sobre la carne se expresa por medio de los ojos que reflejan la dicha eterna experimentada por los que han conseguido la armonía con su Creador. La influencia religiosa y redentora de estas imágenes de Cristo y de los santos alcanza su clímax en el marco de las decoraciones interiores de las iglesias ortodoxas. Cecil Stewart describió el papel de las pinturas sacras en el siguiente pasaje: “Las pinturas parecen estar dispuestas de un modo que inspira una sensación de relación directa entre ellas y el que las observa... Cada personalidad se nos representa de cara, de forma que uno se halla, por decirlo así, dentro de la congregación de los santos. En realidad, el arte bizantino le sitúa a uno dentro del cuadro. Así se consigue una dinámica relación espacial a través del volumen de la iglesia. El contemplador se siente dentro del marco artístico, y visualmente se halla vinculado a la hueste celestial. Observa y es observado”.

Esta íntima interdependencia entre el Venerador y los iconos explica la preferencia de los cristianos orientales por los edificios circulares y la necesidad de una cúpula para completar la visión de la iglesia que subyace en la liturgia ortodoxa. Esta liturgia se concibe como acción corporativa, y el propio edificio es una imagen del cosmos. La cúpula representa la bóveda celeste y contiene la imagen de Cristo Pantokrator, el Dirigente y Redentor del universo. Está rodeado de ángeles y arcángeles que le sirven y ejecutan sus órdenes. La parte restante del techo y las paredes están decoradas con episodios que ilustran la redención del mundo, y con pinturas de los santos que no sólo miran a los fieles, sino que también conversan entre sí y forman su propio círculo sagrado. En el ábside oriental, el lugar más significativo después de la cúpula, se halla la Virgen María, el vínculo entre el Creador y la creación. La Madre de Dios es la madre de toda la humanidad, la amiga y la protectora de todos los
miembros de la Iglesia. Toda la historia de la Encarnación se halla representada pictóricamente en las paredes de una iglesia ortodoxa. Empieza con los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento; se dispensa un lugar especial de honor a Joaquín y Ana, a Simeón y a Juan Bautista. Luego vienen los apóstoles y los evangelistas, los mártires, los doctores y maestros, y, finalmente, el resto de los santos, procedentes de todas las naciones y todas las épocas, desde cuando Abraham oyó y respondió al llamado divino hasta nuestros días, cuando otros hombres y mujeres han aceptado el mensaje de los Evangelios y han dirigido sus vidas hacia la misma y última meta.

La basílica de San Apolinar el joven, en Rávena, expresa también la realidad de la comunión de los santos, pero sus artistas emplearon otro método; cubrieron las largas paredes con mosaicos representando pictóricamente la procesión de los mártires, marchando todos a una hacia el altar, y el Venerador transportado con los santos en el mismo espíritu de eterna adoración.


N . Zernov

continuará ...


El Arte Sagrado del Oriente Cristiano El Arte Sagrado del Oriente Cristiano Reviewed by Yerko Isasmendi on 9:19:00 Rating: 5

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