Los caraítas: una secta judía medieval

Al igual que en el Occidente Cristiano, el Judaísmo en el medievo gozaba de fuertes estructuras de autoridad espiritual, establecidas por su solido corpus conformado por textos y tradiciones. En dicha época, ciertas fuerzas propiciaron el cuestionamiento de las instituciones sociales y los dogmas fundamentales de la tradición rabínica. De dicho proceso de re-lectura doctrinal, dos movimientos se destacan: El Caraísmo y el activismo mesiánico. La "herejía" Caraíta tiene una larga historia, incluso hoy en día hay cerca de siete mil Caraítas viviendo en Israel, los que mantienen su separación, efectuando sus matrimonios solo dentro de su comunidad. Pero fue sólo durante la Edad Media donde realmente constituyen una alternativa al judaísmo rabínico.

Los Caraítas son mencionados por primera vez en fuentes escritas en el siglo VIII. Ellos mismos dicen ser descendientes de las sectas disidentes del período del Primer Templo, y por parte de la tradición rabínica, se les remonta a las tendencias de oposición de la época del Segundo Templo. Aunque no es posible demostrar ninguna afiliación directa a cualquier secta particular de la antigüedad, esto no excluye la posibilidad de prestamos por parte de los Caraítas de algunas costumbres y formas de organización de algunas sectas judías de Persia.

Los inicios de la actividad Caraíta se asocian con la figura de Anan ben David, un hombre culto y aristocrático que probablemente perteneció a una familia de Exilarcas, los líderes de la comunidad judía de Babilonia. Sus seguidores inmediatos fueron un pequeño grupo de intelectuales que formularon los dogmas de la secta, los cuales fueron predicados en centros judíos en todo el califato musulmán, incluida Palestina. En los siglos X y XI, las comunidades Caraítas estuvieron protegidas varios eminentes miembros de la secta que habían alcanzado posiciones influyentes en la corte del rey. Dirigido por un Nasi (príncipe) que reclamaba un linaje davídico, los Caraítas atrajeron a muchos estudiosos de la exégesis bíblica, del derecho, de la lexicografía hebrea y de la filosofía.

La mejor parte del esfuerzo intelectual Caraíta, estuvo dirigido a demostrar los errores de los Rabanitas. Su agudeza crítica y conocimiento profundo de las doctrinas rabínicas, les aseguraron un alto nivel en sus polémicas. Además su ataque religioso estuvo acompañado por la crítica social hacia los líderes judíos, los exilarcas, los gueonim (jefes de las academias), y los dignatarios que los rodeaban.

La influencia islámica fue evidente en todos los aspectos del Caraísmo, en su perspectiva filosófica, en sus puntos de vista espirituales, en las costumbres, las leyes y los procesos judiciales. La principal característica de los Caraítas es su rechazo a la autoridad  de la Ley Oral y la creencia en la necesidad del estudio directo, independiente y crítico de la Biblia. Un "Caraíta" lee el Mikra (el Pentateuco) y reconoce las Escrituras como la fuente exclusiva de la ley religiosa.

Este fundamentalismo bíblico era la base de toda su religiosidad, y los colocó de manera irrevocable en oposición al judaísmo talmúdico. Algunas de sus doctrinas y costumbres que los distinguieron de los Rabanitas, son la interpretación literal de las normas bíblicas relativas a la observancia del sábado, la celebración de las festivales de manera diferente, así como una marcada diferencia en el sacrifico ritual. Otros puntos a tener en cuenta son su severa postura en relación con la ley sobre el matrimonio entre parientes y su liturgia que es mayoritariamente bíblica

El ataque Caraíta no fue lo suficientemente potente como para demoler la ciudadela rabínica, pero tuvo éxito en el desquebrajamiento de sus paredes, pues la secta reclutó a muchos conversos. Hacia el final del siglo XI, la secta tenía adeptos en la mayoría de comunidades dentro del mundo musulmán y el Imperio Bizantino, en las zonas orientales del califato, en Palestina y Egipto, en el norte de África, en España, y en Asia Menor.

Los Caraítas, sin embargo, considera la dispersión una calamidad. Su doctrina subrayó enfáticamente la obligación de vivir en la Tierra de Israel. Los que residían en Jerusalén, oraban a sus puertas, sometiéndose a las prácticas severas de purificación, con miras a acelerar el fin de los días; pues sin estas no había ninguna esperanza de redención. De ahí la constante propaganda para un retorno a Sión. En consecuencia, entre los siglos IX y XI, las "rosas" - como los Caraítas constituían la mayoría de la comunidad judía en Jerusalén.



Yerko Isasmendi ®



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