Odo Casel y su teoría del misterio del culto cristiano

La noción del Misterio: Para Casel la palabra misterio no encierra su significado en el sentido clásico que tiene en Teología y que ha sido consagrado por el Magisterio Eclesiástico, según el cual entendemos por misterio propiamente dicho una verdad sobrenatural cuya comprensión supera todas las fuerzas del entendimiento creado y que forma el objeto de la revelación. Investigando pacientemente en la Sagrada Escritura, en Los Santos Padres y en los documentos de la antigüedad cristiana, ha sacado coma conclusión que el misterio no es una verdad estática que hay que admitir con el entendimiento y hacer objeto de nuestra contemplación, sino algo esencialmente dinámico que hay que vivir y de lo cual hay que participar que compromete el ser entero del hombre que por esta participación en el Misterio queda completamente transformado.

Naturalmente, esto implica la aceptación de verdades que superan la capacidad del entendimiento, pero esto no es mas que la condición previa; la esencia del Misterio consiste en que ha sido manifestado vitalmente para que sea actualizado por la Iglesia. Todo misterio se reduce al Misterio de Cristo, y este debe ser vivido a través de la Vida del Cuerpo Místico de Cristo, que no es más que el Misterio de Cristo en cuanto participado y actualizado por la Iglesia. Comparándolo con los misterios paganos, lo define como «una acción sagrada y cultural en la que se actualiza, por medio de un rito, el hecho de la salvación».

La teoría de Casel arranca del sentido paulino del «Misterio de Cristo» o «Evangelio de Cristo», conforme parece concebirlo San Pablo principalmente en su Epístola a los Colosenses. Cristo mismo es el sacramenta que Dios ha revelado a los gentiles (I, 27). Este Cristo debe ser recibido por ellos, en El deben estar enraizados, sobre El debe su vida edificarse, de El están llenos desde que, sepultados con Cristo en la representación de su muerte en el bautismo, han resucitado por medio de la fe en el poder de Dios que resucito de entre los muertos (11, 6-15).

«Este Misterio abarca la Encarnación, por la que se hizo visible entre nosotros el Dios invisible, y la obra de la Redención, en la cruz, y culmina en la Resurrección, en la que el Señor revelo su gloria primero, es verdad, no a todo el mundo, sino a los testigos escogidos por Dios»: (Hech. X, 40) y mediante ellos a la Iglesia. El plan redentor de Dios se rematara al final de los tiempos con la parusia sin velos del Señor.

Mientras tanto, la Iglesia vive en fe y de los misterios del culto de Cristo.

«Estos misterios del culto son una actualización y aplicación del Misterio de Cristo. Dios se manifestó al mundo por Cristo Hombre-Dios, continua obrando sobre la tierra después de la glorificación de Cristo y, cabalmente, sólo por El en cuanto Sumo Sacerdote. Esto se realiza en la ceremonia ordinaria de la distribución de la gracia en la Iglesia por la virtud del Misterio del culto, que no es otra cosa que el Dios-Hombre, prolongándose en el tiempo. Lleva, por tanto, como Este, el doble carácter de la majestad divina que obra y del ocultamiento bajo los símbolos materiales tornados de lo de aquí abajo, que a la vez encubren y muestran.

Así es posible que el Señor, aunque se halle glorioso y manifiesto eternamente en los cielos, este aun escondido, sin embargo, en la tierra, por mas que esto no impide que despliegue ya ahora todo el poder de su gloria. La presencia de Dios en los misterios adopta, según esto, una posición media entre la vida terrestre de Cristo y su entronamiento glorioso en el cielo: la virtud divina esta totalmente desplegada, pero exige toda la fe, aun no brinda la visión» (pags, 83-84).

El misterio se realice en Cristo histórica y fundamentalmente y en nosotros se repite en formas figurativas y simbólicas, pero que son algo mas que meras imágenes externas, ya que contienen alga que se desborda de la realidad de la nueva vida comunicada por Cristo.

Para Casel la liturgia no es otra cosa que la presencia mística de Cristo actualizada con su virtud y en su nombre por la Iglesia, que no sólo recuerda y representa, sino que repite y renueva de una manera misteriosa, pero real, el ciclo completo de la vida, pasión muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

«Entiéndase la liturgia en el autentico sentido primitivo, no en el sentido de un ritualismo elaborado y esteticista o de una ostentación deslumbrante y calculadora, sino en sentido de realización y presencialización del Misterio de Cristo en toda la Iglesia a través de los siglos para su santificación y clarificación, y entonces la liturgia de los misterios sera la constatación central y esencialmente necesaria de la religión cristiana» 

A veces parece que Casel concibe toda la liturgia como un gran sacramenta en el sentido teológico de la palabra, del cual no serian sino participaciones los siete sacramentos y cuya razón de sacramentalidad productora de gracia, se salvaría en todas las partes del simbolismo ritual, aun en aquellos que no pasan de meras ceremonias. Así, el año litúrgico no debe ser una transvivencia espiritual y una consideración de la vida de Cristo, ha de consistir mas bien en una «unidad mística, critica con el Kyrios Cristo Jesús, fin y compendio de la vida del cristiano», ha de ser «una inmersión en el espíritu, en la vida eternal».

«La Liturgia» renueva y se apropia los hechos mas grandes de la redención, y no solo medita e imita con buen animo la vida del Señor en todos sus pormenores. Esto ultimo lo podría hacer un no bautizado. Lo cristiano y católico es celebrar el Mysterium Christi. Hay que con-celebrarlo en una forma la mas concreta y tangible, grandemente divina. No por nuestros propios pensamientos -cuan impotentes son estos frente a las acciones de Dios!-, sino por la virtud del Espíritu de Dios. Pero, a su vez, tampoco esto reducido a unas ilustraciones o dones gratuitos, sino desde una dimensión de objetividad de la misma realidad espiritual. Los misterios litúrgicos nos representan las acciones salvificadoras del Señor, desde su Encarnación hasta su eterno poderío, con una actualidad vivisima y concretisima, pero de un modo divinamente espiritual, como .corresponde a Dios, que es espíritu»


La teoría de Casel aplicada a la Eucaristía, centro del culto litúrgico, encuentra fácil explicación dentro de la doctrina sacramentaria del Tridentino, ya que la Eucaristía realiza la presencialización de Cristo bajo las especies sacramentales como Mysterium fidei, que debe vitalmente infundirse en nosotros para hacernos conformes a Cristo y participantes de su influjo a través de su humanidad. De hecho, para Casel toda la Liturgia queda centrada en el misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo, misterios que en la Eucaristía no solamente se simbolizan, sino que realmente se contienen.

Cuando trata de aplicarla a los demás sacramentos la exposición de Casel se hace un poco mas obscura y no se ve con claridad coma se salva esa presencia de Cristo, Sin embargo, puede conservar todo su valor en cuanto hay en ellos una presencia, no del Cristo histórico y de carne, pero si de su virtud sobrenatural y, por lo tanto, bien puede hablarse todavía, sin salirse de la ortodoxia de una presencia mística y real de Cristo.

Al extenderla al año litúrgico no llega a concretar bien su pensamiento y resulta de difícil comprensión, «Esa dimension de la objetividad de la misma realidad espiritual» (objetivar, pneumatische Wirklichkeit) esa «actualidad vivisima y concretisima: de que habla Casel debían haber sido un poco mas claramente designadas. No parece, sin embargo, que se salga de la ortodoxia desde el momento que no se ve en ellas una acción propiamente sacramental, sino una exigencia natural de la presencia del Espíritu de Cristo que realiza y acompaña los ritos que su Esposa ejecuta en la Liturgia.

A propósito del año litúrgico, alude Casel a la doble figura que representa Cristo: la de la historia y la de la fé «Pero las dos son una... Nuestra redención se apoya en que Dios ha tornado realmente la carne y en que este hombre es el Hombre-Dios, que glorificado como Señor, se sienta en el trono a la derecha de Dios... El Cristo glorioso y pneumatizado subió una vez resucitado, al Padre" nos envía desde allí su Espíritu, permanece de asiento con una presencia invisible y sublime en la Iglesia y en la intimidad de las almas que creen y son bautizadas y tienen amor» .

Este texto ha podido dar lugar a falsas interpretaciones y exageraciones que Pio XII reprueba en su Enclítica cuando dice que «...están alejadas del verdadero sentido y genuino concepto de la liturgia aquellos escritores modernos que engañados por una pretendida mística superior, se atreven a afirmar que no debemos concentrarnos sobre el Cristo histórico, sino sabre el Cristo pneumatico y glorificado. y no vacilan en afirmar que «en la piedad de los fieles no se ha verificado un cambio por el cual Cristo ha sido destronado con la ocultación del Cristo glorificado que vive y reina par los siglos de los siglos y esta sentado a la diestra del Padre, mientras que en su lugar se ha introducido a: Cristo de la vida terrenal». Aunque Casel alude con frecuencia al Cristo glorioso y al Espíritu de Crista que es el que vive en el Misterio del culto, no parece que de ello se hayan de deducir las consecuencias que el Papa condena, puesto que pone de relieve la identidad entre ambos, y afirma que «si solamente paramos en e1 Cristo de los misterios, nuestra fe flotar: en ámbitos vacíos. De todas formas, hemos de tener presente ante todo la doctrina de la enclítica al enfrentarnos con los textos de Casel sobre el Cristo pneumatico y glorificado.

El mismo Pontífice Pio XII, un poco mas adelante aborda de lleno la cuestiona de la liturgia coma Misterio del culto en los párrafos que han dado lugar a las discusiones a que arriba aludiamos.

Dice así: «Por esto, el año litúrgico, al que la piedad de la Iglesia alimenta y acompaña, no es una fiel e inerte representación de hechos que pertenecen al pasado, una simple y desnuda reevocación de la realidad de otros tiempos. Es, más bien, Cristo mismo, que vive en su Iglesia siempre y prosigue el camino de inmensa misericordia por El iniciado con piadoso consejo en esta vida mortal, cuando paso derramando bienes a fin de poner alas almas humanas en contacto con sus misterios y hacerlas vivir por ellos, misterios que están perennemente vivientes y operantes»

En este párrafo el Papa parece hacerse propia la teoría de los Misterios, en cuanto pone de relieve la presencia de Cristo que vive en su Iglesia, que pone alas almas en contacto con sus misterios y las hace vivir por ellos, afirmando ademas la perpetuación del misterio de Cristo en la Liturgia. Fundados en estas palabras, Casel y sus partidarios creyeron poder batir palmas proclamando que Pio XII sancionaba sus teorías, hasta que vino el decreto del Santo Oficio, que se limitaba a recordar el texto de la Enclítica, que continua precisamente aludiendo a sus teorías con las siguientes palabras: «pero no en la forma incierta y nebulosa de que hablan algunos escritores recientes, sino porque como nos enseña la doctrina católica y según la sentencia de los doctores de la Iglesia, son ejemplos ilustres de perfección cristiana y fuentes de gracia divina por los méritos e intercesión del Redentor, y porque perduran en nosotros en su efecto, siendo cada uno de ellos, en la manera adecuada a su índole particular, la causa de nuestra salvación».

Hay que tener en cuenta que el P. Benedicto Reetz, a quien directamente se dirige el Santo Oficio, se había propasado un tanto en su articulo haciendo afirmaciones que no se encuentran en Casel. Refiriéndose a la presencia de Cristo en el Misterio del culto, Reetz había escrito: «De esta presencia del Misterio de la Redención en la cruz hasta afirmar la presencia de todo el «opus redemptionis: media sólo un paso. A mi parecer, nuestra Santa Liturgia no habla «como si» estos misterios de la Redención se hicieran presentes, sino que cuenta en sus textos con la presencia mística, es decir, sacramental (no histórica) de los misterios de la Redención»

El mismo Casel, si bien no usa en el texto de la expresión «sacramental», se sirve de ella en la nota de la pagina 112, y asimismo en diversos pasajes de sus otros escritos.

De todas formas, no esta de mas advertir que, aunque puede mantenerse el uso de esta expresión, no
se le puede dar el alcance que en la teología tradicional tienen estas palabras, ni puede afirmarse en manera alguna que la Liturgia sea sacramenta en el sentido propio que esta expresión tiene en las definiciones del Tridentino.

Al subrayar las palabras «quo modo catholica doetrina nos docet», quiere el Santo Oficio hacer resaltar que el Romano Pontifice, al aludir a la presencia de Cristo en los misterios, no pretende salirse lo mas mínimo de la doctrina corriente de la Iglesia después del Concilio de Trento.

De todas formas, habrá que tener muy presente al tratar de interpretar la mente de Casel y asimilarse sus teorías, estos puntos esenciales que han sido tratados en la enclítica de cuyo sentido como católicos no debemos pretender separarnos lo mas mínimo.
Odo Casel y su teoría del misterio del culto cristiano Odo Casel y su teoría del misterio del culto cristiano Reviewed by Yerko Isasmendi on 18:51:00 Rating: 5

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