Pico della Mirandola, Kabbalista Cristiano

La presente entrada es la Introducción de Julio Peradejordi de la obra de Pico della Mirandola, "Conclusiones Mágicas y Cabalísticas" de 1486.

Giovanni Pico della Mirandola, conde de la Concordia, nació el 24 de febrero de 1463 en Mirandola, cerca de Módena (Italia). Descendiente de una familia principesca, el joven Giovanni demostró pronto extraordinarias condiciones para el estudio. Deseando su madre que realizase la carrera eclesiástica, cursó Derecho Canónico en Bolonia entre los años 1477 y 1479. Terriblemente inquieto, siguió al año siguiente estudios de Filosofía en Ferrara y, entre 1480 y 1486 se dedicó enteramente, en Padua y en París, al estudio de la filosofía y la literatura, elaborando las bases de un amplio programa filosófico y teológico del que saldrían las Conclusiones, cuyo texto definitivo redactaría en 1486. Fue en esta época cuando trabó amistad con Elías del Medigo(1) que enseñaba en Padua la filosofía de Aristóteles y Averroes, filosofía que influiría grandemente en sus Conclusiones. Tuvo también por maestro a Marsilio Ficino, quien siempre sintió gran cariño por su discípulo. Gran parte de los conocimientos que en la época de Pico, se consideraban "científicos", o se los que tratan sobre medicina, astrología, alquimia o ciencias naturales, se fundaban en textos árabes traducidos al latín y al hebreo. Los conocimientos "filosóficos", o sea las obras filosóficas más notables de la Antigüedad, en general de origen griego o árabe, también fueron traducidas a estos idiomas, que nuestro autor dominaba.

Con sus 900 Tesis o Conclusiones Pico quiso realizar la síntesis de las doctrinas de las principales escuelas filosóficas de la Antigüedad y de la Edad Media. Estas Tesis o Conclusiones estaban destinadas a ser discutidas públicamente en un encuentro de eruditos que Pico proyectaba organizar e incluso financiar, en Roma. Para ello invitó a los más relevantes sabios europeos, pagando los desplazamientos de aquellos que residían lejos. Estas Tesis de omni re scibili excitaron la curiosidad en un principio, pero pronto despertaron en los medios eclesiásticos sospechas de heterodoxia. Y en efecto, fueron condenadas en parte por el Papa Inocencio VIII que consideró heréticas a trece de ellas.

Al intentar defender Pico las tesis condenadas en su Apologia tredecim quaestionum (obra redactada en 1487), Inocencio VIII replicó condenando en bloque las 900 tesis. Sin embargo, un año antes de la temprana muerte de Pico, esta condena fue levantada por Alejandro VI, sucesor de Inocencio(2).

Pico manifestó en sus Conclusiones(3) de tipo filosófico un amplio conocimiento de las ideas de Averroes y Avicena. Profundamente interesado por la religión islámica, nuestro autor estudió el Korán en un ejemplar que le había facilitado su maestro Marsilio Ficino. También conoció la obra de Abentofáil, el autor de El Filósofo Autodidacta.

Es harto probable que, pese a conocer el árabe, Pico no tuviera acceso directo a las obras de Avicena, muchas de las cuales podían consultarse en traducción latina. Parece que lo más que le llamó la atención en este autor fue su sistema ontológico y su teoría de la materia y del cuerpo inerte. Gracias a los trabajos de F. Secret y otros eruditos, está demostrado que Pico fue introducido en el averroísmo y el aristotelismo por su maestro Elías del Medigo, que tradujo por primera vez al latín numerosos pasajes de estos filósofos.

Nuestro autor, espíritu abierto y de altos vuelos, se interesó especialmente en ciertas afirmaciones de Averroes relativas al intelecto, el alma y la profecía.

Al parecer, las Conclusiones sobre Teofrasto, que le interesarán sobre todo por su original concepción del intelecto, proceden también de sus lecturas de Averroes, que cita a Teofrasto en su comentario a la Metafísica de Aristóteles. Es interesante observar que, espíritu sintético, Pico hace corresponder el "intelecto agente" al Metatron de la Kábbala.

A la hora de estudiar las Conclusiones formuladas por Pico a propósito de los filósofos platónicos (Plotino, Porfirio, Jámblico, etc...) hay que considerar su amistad con Marsilio Ficino, el traductor y comentador de Platón y Plotino más importante del Renacimiento. Sin duda fue él quien introdujo en el platonismo a Pico, que utilizó las traducciones de su maestro, en especial la de Los Misterios de Egipto y otras obras de Jámblico. En lo que a Plotino se refiere, es harto probable que nuestro autor se basara también en las traducciones de Ficino.

Las Conclusiones sobre la sabiduría egipcia y caldea, parecen apoyarse en el Corpus Hermeticum por una parte, y en las anteriormente citadas obras de Jámblico por otra.

En las Conclusiones según Platón, Pico se interesa especialmente por el problema del alma y de su destino. Cuando ésta se encarna  no lo hace toda ella; una parte queda en el cielo.

La reunión de las dos partes es, en cierto modo, el objetivo espiritual ansiado tanto por aquella que permanece en el cielo como por la que está en la tierra, prisionera de la materia. Cuando el intelecto particular del hombre se une indisolublemente al intelecto primero, o sea cuando el ser o la vida particulares se unen a las universales, el hombre alcanza por fin la felicidad última. Según Adelando el árabe, el intelecto que permanecía en el cielo recibe el nombre de "intelecto agente".

Dentro de su impresionante precisión, las Conclusiones contienen, sin embargo, algunas imprecisiones dignas de mención. En las Conclusiones según la primitiva doctrina del egipcio Hermes Trismegisto que, como hoy sabemos, es una doctrina más griega que egipcia, Pico habla de diez enemigos en nosotros, cuando en el Corpus Hermeticum aparecen doce. El texto de Pico dice así: "Dentro de cada uno de nosotros hay diez enemigos: la ignorancia, la tristeza, la inconstancia, el deseo, la injusticia, la lujuria, la decepción, la envidia, el fraude, la ira, la temeridad y la malicia".

Más adelante, Pico vuelve a hablar de estos "diez enemigos", y el número diez se repite. Sin embargo, basta con dar un breve repaso al Corpus Hermeticum para percatarse de que estos enemigos, protagonistas del destino astral del hombre encarnado, son doce y corresponden verosímilmente a los doce signos zodiacales. ¿Por qué habla Pico de "diez enemigos"? Y, sobre todo (por esto hemos citado aquí la Conclusión en cuestión) nos da los nombres de doce y no diez? ¿Se trata de una confusión de nuestro autor, o de un simple lapsus?

El hecho de que Pico hable de "diez enemigos" podría atribuirse a que nuestro autor pensara en las diez sephiroth de la Kábbala, pero en la Conclusión siguiente ya nos avisa de que no es así: "Los diez enemigos que he nombrado según la conclusión precedente se corresponden mal con la coordinación denaria de la Cábala".

Las diez sephiroth corresponderían más bien a la "Década", fuerza divina que permite al hombre triunfar sobre los doce enemigos zodiacales.

Si bien nuestro autor tuvo que padecer las iras de Inocencio VIII y de sus acólitos a causa de sus originales opiniones, fue sin embargo muy respetado y admirado por los hombres cultivados de su época, que quedaron impresionados por su extraordinaria erudición. Numerosos son los testimonios de admiración que tras su muerte le serían manifestados. Dirigiéndose a su sobrino Juan Francisco, el beato Battista de Mantúa escribía que: "La Santidad de la vida, la erudición, los conocimientos de las cosas humanas y divinas se unían tan bien en él, que Jerónimo y Agustín parecían revivir en un solo hombre... Por la inmensa fertilidad de sus pensamientos nos fecundaba a todos... Su muerte ha hecho sufrir a los estudios literarios, a la ciencia, a la integridad de las costumbres un gran eclipse".

También Savonarola, en su Tratado contra los astrónomos escribía: "Este hombre ha de ser considerado entre los milagros de Dios y de la naturaleza, a causa de la elevación de su pensamiento y de su doctrina."

Incluso los sabios hebreos de su época, entre los que destaca el erudito pensador Jochanán Alemanno le admiraron y llegaron a decir de él que: "El espíritu de Dios y el espíritu del siglo no podrían producir en cien años un hombre de su valía."

Pico della Mirandola y la Kábbala

Pico della Mirandola creyó y declaró ser el primer autor del mundo cristiano en haber hecho referencia explícita a la Kábbala hebrea. En su Apología escribía: "Esta es la primera y verdadera Kábbala, de la que soy el primero entre los Latinos en hacer mención explícitamente...". A pesar de que esta afirmación ha sido rebatida por autores de la talla de Gershom Scholem(4), no cabe la menor duda de que Pico es el puntal de todo el movimiento kabbalístico cristiano del Renacimiento, y así lo consideraron sus seguidores. Es harto representativo el hecho de que de los autores más importantes de este movimiento emprendieran la difícil tarea de comentar las Conclusiones como si éstas fueran el texto fundamental de la Kábbala. Esta labor, realizada parcialmente por Johann Reuchlin, fue ejecutada más metódicamente por un monje franciscano: Archangelus de Burgonovo. También autores de la importancia de Joseph de Voisin o Athanasius Kircher glosaron algunas de las Conclusiones de Pico.

Para nuestro autor, la Kábbala no es únicamente un método para acceder al sentido auténtico del Antiguo Testamento sino, sobre todo, un sistema que permite interpretar el Nuevo. Ambos libros están escritos en un lenguaje simbólico semejante y los símbolos que aparecen en uno se repiten en el otro. En su obra De hominis dignitate escribía: "Cuando me procuré estas obras a un precio muy alto, y las hube estudiado con gran atención y sin ninguna interrupción, en ellas reconocí -Dios es testigo de ello- no sólo un testimonio de fe mosaica, sino también, y con toda certeza, de la cristiana. Allí se encuentra el secreto de la Trinidad, la Encarnación del Verbo, la naturaleza divina del Mesías; aquí se nos habla del Pecado original y de su remisión por Cristo, de la Jerusalem celeste, de la caída de los demonios, de las jerarquías de los ángeles, del purgatorio y de los castigos del infierno, del mismo modo que nos hablan aquellos cuyos escritos leemos cotidianamente: San Pablo, San Dionisio, San Jerónimo y San Agustín. En lo que al contenido filosófico de estos libros se refiere, tenemos la sensación de hallamos simplemente ante el pensamiento de Pitágoras o Platón; y bien sabemos que las tesis de estos pensadores están tan cerca de la fe, que San Agustín daba gracias a Dios con efusión por haberle permitido conocer los libros de los platónicos".

Sin duda, algunas de las Conclusiones según la doctrina de los sabios cabalistas hebreos pueden resultar un tanto oscuras e incluso desconcertantes si no se está medianamente familiarizado con dicha doctrina. No es este el lugar para intentar una exposición de qué es la Kábbala y cuáles son sus doctrinas, pues para ser abordados con un mínimo de seriedad este tema requeriría varios volúmenes. Nos limitaremos, pues, a comentar brevemente algunas de las Conclusiones de Pico que nos parecen merecedoras de, al menos, una concisa aclaración(5).

En la Conclusión kabbalística Nº 3 nuestro autor hace mención a la "Clemencia". No se trata de una virtud humana, sino de un concepto típicamente kabbalístico. Según los kabbalistas, el hombre no puede conocer a la Divinidad más que a través de sus emanaciones, su sephiroth. Estas forman el llamado "árbol sephirótico" y se disponen en tres columnas. La de la izquierda es la columna de la Ira, el Rigor, la de la derecha la de la Misericordia, la Clemencia y la del centro la de la Justicia.

Según las doctrinas kabbalísticas, al principio Dios quiso crear el mundo con el Rigor (la columna de la izquierda); pero vio que el mundo no podía soportarlo. Luego pensó crearlo con la Clemencia, pero el mundo no podía mantenerse en ella. Fue entonces cuando decidió templar el Rigor con la Clemencia, y el mundo pudo mantenerse en pie.

Para los kabbalistas, la columna del Rigor es la columna de la Letra, de la Torah escrita, de la árida pero necesaria erudición, mientras que la de la Clemencia es la de la Torah oral, la del mundo de las experiencias espirituales, de la mística, que sin el rigor y la base de la Letra suele ser inconstante y fugaz.

Algunas de las ideas expuestas por Pico, concepciones familiares a los judíos, pudieron resultar en la época algo inquietantes a sus lectores cristianos. Asimismo, estas nociones, esencialmente simbólicas, son difíciles de comprender por el lector actual, en general poco habituado a este tipo de elucubraciones. La asimilación, por ejemplo, del tiempo al árbol de la ciencia del bien y del mal es un tanto curiosa. El acto de consumir su fruto llevaría a Adán a caer de la eternidad al perecedero e imperfecto mundo de lo temporal. El objetivo del kabbalista, que aparece planteado de muy distintas maneras en sus obras, consiste a grandes rasgos en la recuperación del estado de Adán y Eva antes de la Caída. Se trata de una nueva generación o regeneración llamada también "Generación mesiánica". Pico hace alusión a este misterio en su decimoquinta Conclusión. El texto dice así: "Si al nombre de Abraam, no le fuese añadida la letra, es decir Ha, Abraham no hubiese engendrado".

La letra, llamada la de la Bendición, que corresponde a lo que los hebreos llamaban "la Shekinah"(6).

La "generación mesiánica" es, en el fondo, el misterio de Cristo. Gracias a éste y otros puntos, Pico descubre, o cree descubrir, que la tradición habraico-kabblística se confunde con la cristiana y que el cristianismo es, en su esencia, kabbalístico. Los tres grandes Nombres divinos de cuatro letras de la Kábbala han de ser asociados, según nuestro autor, a las tres personas de la Trinidad. El nombre Alef - He - Iod - He (Ehieh) correspondería al Padre; Iod - He - Vav - He (Ieovah) al Hijo, y Alef -Daleth - Nun - Iod (Adonai) al Espíritu Santo, como indica en la Sexta Conclusión Cabalística "según opinión propia". Así, no sólo la filosofía de los platónicos, las doctrinas de los magos caldeos o las de los sacerdotes egipcios, también las enseñanzas de la Kábbala corresponden a lo que nos profesa la doctrina cristiana.

Pico es, pues, un cristiano que reconoce el inmenso valor hermético de la Kábbala, y que la aplica a las Escrituras sin tener por ello, antes al contrario, que renegar de su fe.

En su Apología, defendiéndose de los ataques de Inocencio VIII, declaraba: "Llevo sobre mi frente el signo de Jesucristo; moriría de buen grado por la fe del Cristo. No soy ni Mago, ni Judío, ni Ismaelita, ni herético: rindo mi culto a Jesús, llevo su cruz en mi cuerpo. No quiero atribuirme título alguno de santidad o de sabiduría, ni negarle a nadie dicho título. Sólo pido una cosa, por la cual estoy dispuesto a derramar mi sangre: que no me impidan poder considerarme cristiano".


Julio Peradejordi

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Notas:

1) Pico conoció a Elías del Medigo hacia 1480 y este erudito judío le hizo conocer las obras más importantes de la Kábbala (el Sepher Ha Zohar, las Shaare Orah, etc... Ver el estudio documentado de F. Secret: Pico de la Mirandola et le milieu italien de la Kabbale Chrétienne publicado en su obra Les Kabbalistes chrétiens de la Ranaissance Ed. Dunod, París, 1964.
2) Sin duda instigado por el influyente Lorenzo de Médici, protector de Pico.
3) Aunque el libro que hoy presentamos incluye únicamente las conclusiones de tipo mágico o cabalístico, sin por ello desdeñar las puramente filosóficas, hemos creído oportuno incluir las Conclusiones según Averroes por su extraordinario interés en lo referente a los sueños.
4) Gershom Scholem: Zur Geschichte der Arfnge Christlichen Kabbala, en Essays presented to Leo Baeck. East and West Library, Londres 1954 pág. 158 a 193.
5) El lector se dirigirá con provecho al notable estudio de Gershom Scholem: La Kábbala y su simbólica, Ed. siglo XXI, Madrid 1980.
6) Ver "La Kábbala y su simbólica", op. cit. y nuestra introducción a 1oss Profundos Misterios de la Cábala Divina, de Jacobo Gaffarel, págs. 24 a 32, Ed. 7 1/2 Barcelona, 1981.








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Pico della Mirandola, Kabbalista Cristiano Pico della Mirandola, Kabbalista Cristiano Reviewed by Yerko Isasmendi on 20:23:00 Rating: 5

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