El sueño incubatorio en el cristianismo oriental (Parte II)

Tipología: Atendiendo al contenido de los sueños de estas colecciones estableceremos a continuación una tipología de los mismos de acuerdo con la nomenclatura de la actual fenomenología onírica.

a) Sueños simbólicos: Oppenheim(1) define estos sueños como «message dreams» cuyo mensaje «no se expresa con palabras claras, sino que se transmite de un modo específico, por el cual ciertos elementos seleccionados del mensaje tales como personas, palabras claves, etc. están reemplazados por otros elementos». Macrobio conoció ya este tipo de ensueños. Artemidoro los calificó de alegóricos (αλληγορικoí). Estos sueños requieren para ser comprendidos una interpretación y a ellos se refiere el Talmud de Babilonia cuando afirma que un sueño sin interpretación es lo mismo que una carta sin abrir(2). Los Thaumata presentan algunos casos de sueños simbólicos en los incubantes.

Ej 1: Un pagano que dormía en el santuario de Cosme y Damián (Kosmidion) ve en sueños comer pan y vino a tres niños. Inmediatamente siente un gran deseo de tomar algún alimento y les pide un poco de pan. Los niños rehúsan y un gran temor invade al pagano. Recuerda los tormentos de que eran objeto los no-cristianos que tomaban parte en los ritos sacramentales del cristianismo, y quiere escapar del lugar cultual. Pero se le aparecen en este momento Cosme y Damián y no le dejan irse: «No es posible que escapes de aquí, pues tú has asistido a los sagrados misterios» le dicen, y a continuación le ofrecen tanto pan cuanto quiera para saciar su apetito. Las imágenes de este sueño tienen un claro simbolismo de orden espiritual: el pan y el vino representan la Eucaristía. Al despertar el enfermo comprende que ha recibido la gracia divina pon intercesión de los santos Cosme y Damián y se acerca inmediatamente a recibir el alimento vivificante de la comunión.

Ej 2: Un enfermo con un humor duro como una piedra en los testículos tiene el siguiente sueño. Un venerable personaje de nombre Cosme se le acerca y le da una pequeña bola de cena blanda, del tamaño de un sello de carta. Cosme afirma que es un trozo de nieve y ante la duda y el asombro del enfermo le muestra un trozo de hielo en su mano izquierda. Le dice: «Créeme la bola de cera que te he dado viene de aquí, y soy yo, como ves, el que la ha ablandado». Cuando el incubante despierta comprende e interpreta el sueño: el hielo representaba su concreción pétrea. Ésta estaba en vías de disolverse, pero el proceso debía producirse gradualmente. Al igual que el hielo se había convertido en nieve por la acción del siervo de Cristo, poco a poco la protuberancia del incubante se iría suavizando por intervención de los santos hasta licuarse.

Ej 4: Marta, ferviente devota de los santos, residía entonces a causa de su enfermedad en el Kosmidion. Una noche sueña que los santos se acercan a una anciana que dormía junto a ella y le dan un tazón a beber. Al despertarse se enfurece y recrimina a los terapeutas de Cristo por haber atendido primero a su compañera y no a ella, que tanta confianza les había manifestado. Cuando llegó la mañana, se encontró Marta en el katechoumenion todo dispuesto para el funeral de su anciana vecina. Comprendió entonces el significado del sueño, ambiguo en su interpretación por el doble significado del término pittakion como «tablilla escrita» y como «receta médica». Lo que ella creía un remedio curador, no era sino un mensaje de llamada a la ultratumba.

b) Sueños admonitarios: Los sueños admonitorios han sido definidos como «resultados de la asimilación de pensamientos diversos, como decantación de las ideas concebidas en el sueño por imágenes diurnas recientes»(3). En estos sueños sale a flote lo que Freud llamó «las reliquias de vigilia», esto es, las preocupaciones más inmediatas que durante el día sufrió el soñador. Es curioso observar cómo solía a veces darse la admonición a una tercera persona. Veamos un par de ejemplos.

Ej 1: Cosme y Damián se aparecen no al enfermo, pues éste estaba desesperado, sino a otro individuo y le dicen: «Di al que vomita sangre que ponga fin en su vejez a sus logoi ignominiosos o, peor aún, impíos y que deje de comer aves, especialmente en este tiempo». Era cuaresma.

Ej 2: En esta ocasión los taumaturgos se revelan a un piadoso clérigo de su templo y le ordenan hablar a un abogado enfermo, cuya dolencia, dice el autor, más residía en su alma que en su cuerpo: «Ve y di al abogado ese que yace en este lugar: ‘si quieres apartarte de la enfermedad, renuncia a esta mujer; no le hagas más pactos de amor ilícito y alcanzarás la salud’».

El sueño admonitorio a una tercera persona encuentra en estos dos casos su explicación en el campo de la lógica. En el primer ejemplo se trata de un enfermo ya mayor que no cesa de toser y vomitar. Este hecho habría de molestar el sueño de su compañero de incubación, en quien, por conocer los comentarios irrespetuosos del enfermo a propósito de los santos y su incontinencia en el comer (máxime siendo cuaresma), se desarrollaría a causa de este estimulo un proceso psíquico por el que emergerían a la superficie imágenes del pensamiento de la vigilia.

Muy semejante es el caso del ejemplo n° 2, en el que un sacerdote recibe de los santos la orden de decir al enfermo que ha de renunciar a sus aventuras amorosas si desea curarse. Esto sería, sin duda, lo que el piadoso clérigo habría estado pensando durante el día, preocupado por la salud moral del abogado, proclive a los lances mujeriegos.

c) Sueños de angustia: Tales sueños tienen un carácter psiconeurótico. Su carácter angustioso, afirma Freud(4), más se refiere al problema de la angustia que al sueño en sí. No falta este tipo de ensueños entre los incubantes. Resalta el hecho de que son precisamente los no cristianos y los theomachoi los que con más frecuencia tienen este tipo de experiencias oníricas.

Ej 1 y 2: Los paganos de estas narraciones se angustian en sueños, pues creen que no van a ser tratados por los taumaturgos. El pagano del ejemplo 1 les suplicaba que se apidaran de él y no le volvieran a ignorar. Al fin, ve en sueños a los santos que enfurecidos le dicen: «¿Es que acaso somos nosotros Cástor y Pólux?». El pagano del ejemplo 2, siente repentinamente deseos de huir del templo, pero no puede. Prescindiendo del carácter moralizante y propagandístico de estas colecciones en cuanto elaboración literaria, hemos de considerar la plausibilidad de este tipo de ensueños en cierto tipo de clientes. El hecho de que un pagano acuda a un templo cristiano y confunda los nombres de los santos con el de unas divinidades paganas, ¿no puede ser reflejo de un punto, al menos, de neurosis? El conflicto religioso de los pacientes de alguna manera se habría de translucir en el sueño.

Ej 3: La orden que recibe en sueños una hebrea le produce también cierta desazón: los terapeutas cristianos mandan a la enferma comer carne de cerdo, alimento rigurosamente prohibido por las leyes de su religión judía. Al igual que los relatos anteriores, la primera finalidad de esta narración seria la edificación de los oyentes, pero al intentar rastrear cierto viso de realidad (si es que lo hubiera) en el trasfondo de la narración, no cerramos la puerta a la posibilidad de que alguna enferma de religión hebrea acudiera al templo cristiano y, preocupada ante la posibilidad de que los taumaturgos le prescribiesen algo vedado a su religión, tuviera efectivamente este sueño. De hecho, la prescripción se repite con Asclepio(5).

Ej 4: Ciertos rasgos del sueño de Marta, comentado entre los simbólicos, permiten encuadrarlo también dentro de este apartado. Su despertar sobresaltado al pensar que los santos habían favorecido a otra co-incubante antes que a ella, su indignación contra Cosme y Damián que a su ver no habían actuado como debieran, su insistencia en la familiaridad con los taumaturgos a causa de la confianza que por la fe tenía en ellos, son síntomas de una persona cuyo equilibrio psíquico cabe poner en duda. La tan pregonada fe en los santos de Marta encubría una inseguridad de fondo que cristaliza en el temor onírico a no ser curada.

d) Sueños de realización de un deseo: Freud compara los sueños de realización de un deseo a los fuegos de artificio: se preparan durante muchas horas y se consumen en pocos minutos(6). Esto es lo que les debía de ocurrir a los incubantes. Ya hemos señalado su decidido propósito de recibir la epifanía del santo cuando se disponían a acudir al santuario, lo que a su vez significa que en muchos casos desde ese momento comenzaría la elaboración onírica en el dominio del preconsciente. Este tipo de deseo, a saber, el de obtener una epifanía salutífera no ha de separarse, por un lado, de su entorno cultural; por otro, se ha de considerar que el hecho de recibir en sueños alguna admonición u orden de algún personaje respetado (al modo que se anunciaba en la definición del chrematismos) ha sido calificado por Jung de «fenómeno religioso básico»(7). Este mismo sentido le habla dado ya Freud al afirmar que «el deseo representado en el sueño tiene que ser un deseo infantil»(8). Puesto que el Wunschtraum por excelencia de los durmientes en los templos de incubatio sería el recibir «la visita» de los santos, nos ocuparemos a continuación de las manifestaciones de éstos a los pacientes.

Hagiofanías Oníricas

La importancia de las epifanías en el sueño incubatorio salta a la vista desde la primera lectura de los Thaumata. Estrabón afirma que la ciudad de Epidauro era especialmente célebre por las epifanías de Asclepio. A este mismo hecho se debe la celebridad de los templos cristianos de incubatio. Como característica fundamental del sueño incubatorio se ha de señalar la aparición del dios (o santo) en el templo a sus clientes. La aparición onírica de los santos se indica en los Thaumata bien por medio de las expresiones κατ, ὀναρ, u otras que indican el adormecerse del incubante, o el estado de reposo somnial en que se hallaba cuando recibía la visita salutífera, o el sueño profundo que lo «retenía» o «embelesaba» como producto de un encantamiento. En un relato se indica también expresamente la profundidad del sueño del incubante en el momento de la visita de Cosme y Damián. En las epifanías del templo de Lindos se señala en cada relato que la epifanía tuvo lugar καφ´ύπαρ. A diferencia de los iamata de Epidauro y de los Thaumata de Ciro y Juan en donde son frecuentes las epifanías καφ´ύπαρ, en nuestra colección tan sólo se menciona de forma expresa la epifanía καφ´ύπαρ en solo tres textos. En la versión deubneriana de este milagro el enfermo ve a los santos καφ´ύπαρ. Este hecho no debe desconcertarnos, habida cuenta de que entre el dormir y el estado de vigilia existe una gradación, mas no una frontera definida. «El dormir y el estar despierto», afirma E. Kehrer(9), «no son casi nunca estados plenos, sino que entre el sueño profundo y el estar completamente despiertos existe la máxima gradación posible». Santa Fe se aparece también a un soldado que la invoca inter somnum et quietem  y a un labrador que le pide su ayuda, cuando éste «ni dormía del todo, ni estaba totalmente despierto».

Las epifanías καφ´ύπαρ no diferirían, pues, mucho de las epifanías κατ, ὀναρ, al acaecer ambas en un estado de duerme-vela intermedio entre la vigilia y el sueño. En este sentido creo que ha de interpretarse el término κατ, ὀναρ y no como sueño verdadero (somnium verum), como apuntaba Deubner: («ύπαρ significare videtur somnium verum, cuí respondebit eventus»)(10). Pienso que su empleo en estas colecciones se debe más bien a un deseo de acentuar el carácter de vigilia de las apariciones, para con ello dar mayor realce a la epifanía del dios. Corrobora nuestra suposición el inmediato despertar de los pacientes después de la divina hagiofanía. Pruebas electroencefalográficas demuestran que los sueños que mejor recordamos son los soñados inmediatamente antes del despertar consciente. En los Thaumata de Artemio el enfermo despierta casi siempre curado y con frecuencia sobresaltado en medio del logos tenido con el taumaturgo  o a causa del dolor producido por la intervención de éste. Teognis despierta en su conversación con el santo a la hora de realizar las oraciones de medianoche, en el momento de dar la κηρωτη (mezcla de cera y aceite) y de adorar la Santa Cruz. Si bien en los casos mencionados la curación es simultánea a la epifanía, existen otros en que los incubantes reciben durante el sueño la prescripción de la terapia a seguir para la total restitución de su enfermedad. El contenido de la epifanía se cifra, pues, en estos tres puntos: a) aparición del santo, b) diálogo con el enfermo, c) curación durante el sueño o prescripción del remedio.

Apariencia de los Taumaturgos

La visión de los santos curadores obtenida en sueños por los incubantes coincide con las características del θεισς ανήρ señaladas por L. Hieler,Los terapeutas están revestidos en su manifestación al enfermo de gran belleza exterior, que, como ha señalado el mencionado autor, no es sino el reflejo de la nobleza anímica del hombre divino. Asclepio en su aparición a Sóstrata se muestra como un hombre «de hermoso aspecto». Artemio adopta, asimismo, una noble figura al visitar a sus clientes. Demetrio se aparece también a un trabajador de Capadocia con el aspecto de un joven de gran prestancia. En su hagiofanía al obispo Cipriano se le representa como νἐος καί χαριἐοτατς. El obispo de Tesalónica ve también a Demetrio en una aparición somnial en la figura de un personaje bien parecido.

La belleza y la pulcritud de presencia son señalados por Deubner como atributos típicos de las divinidades paganas en sus epifanías. Los taumaturgos adoptan en las epifanías las más diversas apariencias. La visión más frecuente de los incubantes tal vez fuera la de la figura de los santos representada en los iconos del templo. Así, sucede que el monje Macario ve a Cosme y Damián revestidos de una estola amarilla según están representados en las puertas del Kosmidion. En un rato el enfermo contempla a la Virgen María en medio de los santos de acuerdo con la representación del pórtico derecho del monasterio. La hidrópica en otro relato, ve también a la Virgen en medio de los santos. La enferma de Laodicea ve en sueños a los santos conforme la imagen de ellos que llevaba su marido siempre en el bolsillo. Juan el Tracio, devoto de Isaías, tuvo una visión confusa que comunicó a sus padres. Este joven al ver la representación del taumaturgo a la entrada del templo reconoció en ella la figura de su visión somnial. A una niña curada después de haber obtenido la epifanía de Artemio, le preguntó su madre por la forma del santo. Eufemia afirma haber visto a San Artemio de acuerdo con los rasgos del icono del retablo del altar. Esteban, que dormía en el templo del Precursor junto a las puertas del tesoro, ve en sueños a San Artemio conforme a la imagen del santo representada sobre dichas puertas. Obsérvese también en estos relatos que San Artemio viste con frecuencia en sus epifanías con túnica y cinturón, atuendo con el que es muy probable se hallase representado en el templo de Constantinopla, en donde se le rendía culto(11). San Demetrio también aparecía en sus epifanías con atuendos similares.

Esto no quiere decir que el soñador se representara siempre a los taumaturgos en su fisonomía habitual, es decir, tal como se los imaginaba a través de la iconografía. Por el contrario, los terapeutas se aparecen a los enfermos. En sueños se aparece Artemio a sus clientes bajo el aspecto del padre del enfermo, el de un pariente o el de un amigo. El anciano guardia de la zona del Cesarion se imaginó en su sueño incubatorio al santo bajo la apariencia del administrador encargado de la misma. Andrés cree ver en su experiencia onírica a Artemio con el aspecto de un senador de palacio, amigo del que le había conducido al templo del Precursor. Jorge, enfermo de la isla de Platea, piensa también que el personaje de su visión somnial era un miembro del senado. Jorge el Rodio, antes de descubrir la acción salutífera de Artemio, sospechaba que éste era uno de los enfermos del santuario. A otro enfermo se le apareció el santo bajo la apariencia de un carnicero con los instrumentos propios del oficio. Un constructor de navíos a su regreso en barco a la Galia tiene una visión de Artemio en la que el santo se le muestra en la forma de capitán de navío.

Obsérvese que las manifestaciones del santo a los clientes no ocurren al azar, sino que su representación onírica en el enfermo está siempre de algún modo relacionada con la vida o psicología del incubante. Así, Cosme y Damián se muestran a un «federado» en la apariencia de «federados», de tal forma que el incubante no reconoció a los taumaturgos, sino que pensó que eran unos camaradas.

Muy frecuente en las epifanías incubatorias es que los enfermos vieran a los santos en la fisonomía del personal del santuario. Una hija de un clérigo del Kosmidion, después de una estancia de nueve meses en el templo, «ve en sueños a dos clérigos del templo llamados Cosme y Damián en razón del nombre de los Santos». Estos clérigos eran realmente San Cosme y San Damián, que, tras dialogar con la enferma, la liberaron de su dolencia. A un hidrópico se le aparecen bajo el aspecto de empleados del templo, y a un paralítico le ofrece uno de los santos su ayuda bajo la fisonomía de un bañero de las instalaciones acuáticas del Kosmidion. Los enfermos de Menuthi también ven a Ciro y a Juan con los rasgos del administrador del templo, o del diácono que realizaba por entonces la liturgia del templo, o de algún monje del santuario. Una mujer, que había ido con su hija al templo del Precursor a suplicar a Santa Febronia, ve en sueños «a una bella mujer revestida del hábito monástico» . A Isidoro, incubante en el templo de San Artemio, después de haber sido liberado por el santo del mal espíritu que le poseía, se le aparece Artemio acompañado de una mujer con hábito monástico y de otro personaje revestido de piel de oveja y con sandalias. Es claro que los acompañantes de San Artemio no eran sino San Juan Bautista y Santa Febronia (obsérvese el «nombre parlante»). Con toda probabilidad estos santos estarían representados de esa guisa en los iconos del templo del Precursor. Es perfectamente plausible, pues, que este enfermo, residente desde hacía algún tiempo en el santuario, obtuviera la visión de los tres santos protectores del templo.

No obstante, en los templos de los taumaturgos-terapeutas como Artemio, Cosme y Damián, Ciro y Juan, la figura adoptada con mayor frecuencia por los santos en sus epifanías era la de médico. San Artemio se aparece como tal a una mujer, que no cesaba de suplicarle, con un maletín en la mano donde llevaba el instrumental propio de la profesión. Al herrero Jorge se le muestra también Artemio en la figura de un médico con el instrumental necesario para la intervención  y a un presbítero del templo de San Juan, a quien había tratado un médico persa, se le aparece San Artemio con la fisonomía de dicho médico. En cierta ocasión, San Artemio se mostró a un empleado del santuario con el aspecto del médico jefe y le indicó el tratamiento para uno de los enfermos que allí yacía. Ciro y Juan también se presentaban con frecuencia a sus clientes de esta forma y, asimismo, el atuendo favorito de Cosme y Damián en sus hagiofanías era el de médico. Otro enfermo vio en sueños que sus médicos habituales le anunciaban su visita y que él ordenaba introducirlos con muchas antorchas. Al despertar del sueño, se dio cuenta este enfermo que la visita médica nocturna se la debía a San Cosme y San Damián. El monje Macario, desesperado en su enfermedad, de repente tuvo la impresión de oir una voz que le ordenaba salir de la cama y le anunciaba la visita de los médicos. En efecto, acto seguido, ve el monje en sueños a dos individuos: uno de ellos llevaba en el pecho una bolsa con material médico, y el otro le ordenaba sacar de ella cierto ungüento para friccionar al paciente. Al preguntarles Macario quiénes eran, ellos mismos se identificaron como los médicos del Kosmidion. San Ptolomeo adopta la apariencia de médico en la epifanía incubatoria a un hidrópico que guardaba estancia en su templo en la localidad egipcia de Ishnin (MPT 2).

Caracteriza también la actividad terapéutica de los santos su preocupación por la salud del alma. A los santos, se lee en los Thaumata, no sólo les ha confiado Dios el cuidado de los cuerpos, sino antes bien el de las almas. Por esto los taumaturgos se preocupan ante todo de la purificación de los males del alma (12).

En esta línea de «curación espiritual» se encuentran ciertas prescripciones de los terapeutas a sus enfermos: a un paciente del Kosmidion le ordenan Cosme y Damián permanecer seis años en el templo. El motivo de tal terapia era darle lugar a reflexionar sobre su vida pasada. En ciertas ocasiones, Cosme y Damián no curan totalmente a los enfermos, sino que les dejan un dolor parcial, como freno moderador de su conducta. En esta preocupación por la vida del alma difiere notablemente el modo de actuar de los santos cristianos del de los dioses paganos. Asclepio cuando cura a sus clientes, o incluso cuando los reprende por alguna falta en su conducta, busca la integridad del hombre en cuanto tal. En la religiosidad helena el polo de la atención es el hombre, que encuentra su razón de ser en sí mismo. En el cristianismo, en cambio, se considera al hombre como criatura de Dios. La razón de su ser está puesta en Dios y en hacerse merecedor de una vida futura sin la cual no tendría sentido la presente. De ahí la importancia capital concedida por los taumaturgos cristianos a la vida del alma.


Mercedes López Salvá

Parte I - Parte III


Notas


1) The Interpretation of the Dreams in The Ancienf Near East, Filadelfia, 1956, p. 206.
2) Ibid.
3) E. Weilenmann, El mundo de los sueños, traducción de E. Imaz, México, 1966, p. 47.
4)  La interpretación de los sueños, traducción de L. López Ballesteros, Madrid, 1966, t. III, r. 206.
5) Cf. Suidas, s, v. Doinninos.
6) Op. cit. III, p. 200.
7)  Psicología y religión, traducción de I. de Brugger, Buenos Aires, 1967, p. 60.
8) Op. Cit.III, p.180.
9) Wach- und Wahrträmen bei Gesunden und Kranken, Leipzig, 1935, p. 9.
10) De Inc., p. 5.
11) Cf, K. Lehmann, «Ein Reliefbild des Heiligen Artemios in Konstantinopel», en Byzantinisch-Neugriechische Jahrbücher Y (1920), Pp. 381-384
12) Santa Fe al tocar en su epifanía salutífera la haga infectada de un soldado herido la revienta y un líquido fétido comienza a supurar. La mártir tranquiliza al soldado con estas palabras: Ne timeas, fili neque formides, quia nobis medicorum officio fungentibus, non sordent humanae carnís putredines, sed potius facinorosarum animarum fetores. Ad hoc enim vení, ut tibi, dona, conferam salutis (MF IV 17).




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