Lo Sagrado en el Antiguo Testamento

En el año 1978, Maurice Gilbert reabrió el dossier sobre lo sagrado en la Biblia(1). Respetando el orden cronológico de los textos, ha girado la investigación sobre el desarrollo semántico de qdsh  a partir de la tradición Yahvista, que se remonta al siglo X a.de C. Su análisis de la herencia recibida de los autores bíblicos ha mostrado que la idea de separación es de importancia secundaria, y que lo sagrado es muy diferente del concepto de impuro. Los documentos de la fuente Yahvista componen una primera síntesis del pasado de Israel. Presentando a Yahvé como el Dios de la historia patriarcal, se instaura un vínculo entre lo sagrado y la historia de la salvación. Antiguos pasajes del Libro de Samuel nos muestran que en la época de David la expresión «Dios Santo» está en relación con la potencia de Yahvé. En el año 740, Isaías proclama la incomparable santidad del Dios de Israel. Esta santidad parece temible al infiel, pero para aquellos que la reconocen hace de Dios una roca. La relación privilegiada que subsiste entre Yahvé e Israel es el origen del nombre «el Santo de Israel». La impronta salvífica es evidente. En el curso de los siglos VI y V, profetas como Ezequiel y el Deuteroisaías desarrollan el pensamiento profético de Isaías: la santidad de Yahvé está ligada a la realidad histórica vivida por el pueblo de Israel.

Al día siguiente del exilio se multiplican los referencias al culto. Estamos en presencia de una literatura sacerdotal, el Pentateuco. La más antigua ley del sacerdocio de Jerusalén (Lv. 17-26) presenta la Ley de santidad. Israel es el pueblo elegido por Yahvé para conocerlo y servirlo. A través de un servicio permanente y digno de su Dios, el pueblo debe responder a esta elección. Además, la Ley de santidad establece una relación entre la santidad de Dios y la del pueblo. Es necesario hacer notar que en la ley sobre los sacrificios (Lv. 1-7), en la investidura de los sumos sacerdotes (Lv. 8-10) y en el código de la pureza (Lv. 11-16) , que se acerca más a lo sagrado que la santidad, la relación con la historia de la salvación es mantenida decididamente.

El periodo griego está señalado por la elección de hagios -epíteto helenístico de la trascendencia divina- para expresar lo sagrado y la santidad de la Biblia hebraica. Hagios significa trascendencia e incomunicabilidad. Al inicio del siglo II a.C, Ben Sirá se deja seducir por los aspectos sagrados del culto, pero es capaz de reencontrar el título de Santo para Yahvé. Bajo la persecución de Antioco IV (167-164), Israel afirma el carácter santo de la comunidad, de la Torah y de los Libros(2).

De lo  Sagrado a la Santidad

Después de su estudio sobre la raíz qdsh en el  mundo semítico no bíblico, Claude-Bernard Costecalde ha desplegado una investigación sobre el qdsh como herencia puesta en el origen de lo sagrado  bíblico(3). Su  análisis  muestra que  el  lenguaje  bíblico  tiene  su  raices en el léxico y en las expresiones semítico­occidentales. A través de un minucioso análisis de los textos,  Henri Cazelles ha mostrado  el  desarrollo  del  concepto  de  sagrado  y  de  santidad  en  el  Antiguo Testamento(4).

En el mundo prebíblico, toda divinidad es  una potencia y qdsh  evoca  en  la  divinidad  un  poder que  no es  humano.  En  la  Biblia  Dios aparece como un Dios personal que se  presenta a sus  fieles, que les  hace promesas y los guía.  Ya  no es  más una divinidad cósmica como entre los  paganos, sino  un Dios  que acompaña a sus fieles.  Por  eso,  lo  sacralidad  bíblica  no  es  lo  sacralidad cananea. Dios marca con su impronta la historia de los Patriarcas y aparece ya el concepto de santidad divina. 

Con el movimiento profético se pone en marcha la transformación de lo sagrado bíblico: Amós, Oseas y Miqueas reaccionan con fuerza a la corrupción del culto e insisten sobre su carácter indigno ante el Dios santo. Con Isaías  la doctrina de lo sagrado se extiende hasta englobar la santidad. La expresión más frecuente  es  Qadosh Israel, el «Santo de Israel». Se trata de Yahvé, a quien Israel ha abandonado.  Es  por consiguiente de Él  que viene la fuerza  y la salvación. Su santidad es  terrible. Para salvarse, Israel debe reconocer la santidad de su Dios,  que  es  rey,  sentado  sobre su trono, terrible para aquel que le ha visto, el Dios que no consagra al pueblo impuro.  Consagrándose a su Dios, Israel prepara su victoria. Isaías 5,16 define la santidad de Dios a través del concepto de derecho y justicia.  La doctrina de  Isaías  se  funda sobe  la  tradición  litúrgica del Templo de Jerusalén. Maurice Gilbert había  insistido ya sobre las características de la raíz qdsh en el pensamiento profético del siglo VIII, subrayando la relación exclusiva de la raíz con Yahvé, el Santo, 
el  tres veces  Santo  (Is.  6,3),  «el  Santo de  Israel».  Esta santidad se opone  al  pecado  del  pueblo. El lazo  privilegiado  que  permite  a Isaías llamar a Dios «el Santo de Israel» es una relación del orden de  la salvación(5). El paso de lo sagrado a la santidad es la gran novedad  introducida por Isaías. Estamos en presencia de una teología de la  santidad.

Bajo  Josías, en el 622,  se descubre en el Templo el  antiguo manuscrito del Deuteronomio. Nos encontramos, en diversas ocasiones, con la expresión am qadosh, «pueblo santo». Estamos lejos  de Isaías, ya que el  pueblo impuro del que hablaba el profeta se vuelve un pueblo santo y consagrado. Es también una referencia al comportamiento moral. Pero en el siglo VI  Ezequiel retoma el contraste puesto en evidencia por Isaías, enlazándolo al castigo deladeportación. Gilbert ha subrayado la continuidad entre los  tres  profetas,  Isaías  (siglo  VIII),  Ezequiel y el  Deuterosaías en el  siglo  VI, no dejando de  poner en evidencia el  nexo con la experiencia de la historia de Israel. Pero la coherencia y la importancia  del tema de la santidad se  perdieron bajo los  profetas posteriores  al retorno del exilio(6)

Queremos decir  ahora algunas  palabras  sobre  el  empleo  de  la raíz  qdsh  en  la literatura sacerdotal.  Con el  Pentateuco disponíamos de un gran complejo dedicado a la historia de los orígenes y la obra de  Moisés.  La  escuela  sacerdotal  ha  integrado  la  tradición yahvista,  elohísta y deuteronomistal(7).  En su parte más antigua, el código de santidad, existe una relación entre la santidad de Dios y la  del  pueblo,  pero  también el aspecto ritual de la santidad está fuertemente subrayado.  Gilbert lo ha mostrado con claridad. Esta constatación  permite decir a Henri Cazelles que «después de la desacralización de la 'sacralidad' cananea, los autores bíblicos admiten que el Dios de Israel puede consagrarse a su servicio los objetos, de los  hombres y un pueblo»(8). Contrariamente al Deuteronomio, que habla del pueblo santo, la Ley de santidad se interesa en los individuos de este pueblo, llamados a ser santos porque Dios es santo. En todos los códigos del Levítico el carácter litúrgico de lo sagrado está fuertemente puesto de relieve. Así, Dios consagra los sacerdotes (Lv. 21.6, 6.7.15), los sábados (Lv. 23,3) y las fiestas (Lv. 23,4.6). En otros términos, el Código sacerdotal, en su conjunto, define para Israel la sacralidad y la santidad; Dios es santo y consagra. La santidad de las personas no es una santificación hecha por Dios, sino es una exigencia que resulta del hecho de que Dios es santo. Los israelitas deben ser qedoshim, santos, porque el mismo Dios es santo, qadoss (Lv. 19,44-45)


Julien Ries



Notas

1) M. Gílbert, Le sacré dans l'Ancien  Testament, en L 'Expression du sacré,  1, cíe., pp. 205-289.
2) Ibid., pp. 270-279.
3) CI.-B. Costecalde, La racine qudsh dans la biblie hébraïque,  en J. Bríend, E. Cothenet (a cargo de), Supplément au Dictionnaire de la Bible, x, Letouzey et Ané, París 1985. cols. 1393-1415.
4) H. Cazelles, Le développement des notions de «sacré» et de «sainteté» dam 1'Ancien  Testament,  in J.  Briend, E.  Corhenet (a cargo de), Supplément au Dictionnaire de la Bible,  x,  coll.  1415­- 1432. 
5) M. Gilbert, Le saaé dans l'Ancien Testament,  en L'expression du sacré.  .,], cit., pp. 240­330. 
6) Ibid., pp. 244-­251 
7) Ibid.,  pp. 251-264. 
8) H. Cazelles, Le développment des notíos de sacré»  et de «sainteté.. " cit., col. 1426.
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