El sueño incubatorio en el cristianismo oriental (Parte III)

Diálogo en las Hagiofanías: Forma parte esencial de las epifanías el diálogo del enfermo con el santo. Filóstrato ya recoge tales diálogos de Asclepio en la Vita Apolonii. En las hagiofanias cristianas el santo curador se presenta al enfermo y le pregunta qué tiene y qué es lo que desea, aunque esto le sea de sobra conocido al divino terapeuta. Artemio inicia la conversación con una fórmula del tipo τί έστιν ό έχεις. La pregunta le da pie al incubante para manifestar sus sentimientos. Éuporo, cuando Artemio le pregunta: τί έστιν, este le comunica su enfermedad y le confía que por culpa de sus pecados no ha sido digno de obtener la curación. En el diálogo enfermo-terapeuta, de reiterada aparición en los Thaumata, la terapia incubatoria recuerda los métodos de la actual medicina psicosomática. Mediante el diálogo el enfermo pone en conocimiento del terapeuta los problemas que le afectan. En una segunda fase de la conversación, Artemio le pide al incubante que le muestre el órgano enfermo, para indicarle después el modo idóneo de su curación o para poner fin directamente a su dolencia. A veces el santo reprocha al enfermo lo que éste en su fuero interno estima origen de su mal. Artemio se aparece en el templo del Precursor al joven Narsés, muy aficionado a las apuestas y en sueños le reprocha por sus apuestas. Narsés, en efecto, había apostado levantar una piedra de gran peso y colocarla sobre sus hombros, pero falló en el intento lastimándose. A Jorge el Frigio le reprende Artemio por su charlatanería. En otras ocasiones, el taumaturgo se hace eco de las cuestiones doctrinales debatidas en la época. Así, De igual modo, Cosme y Damián entablan conversación con sus enfermos y se interesan por su enfermedad, para conocer directamente del paciente «aquello que ellos en virtud de la gracia divina ya conocían»..


Con frecuencia dialogan Cosme y Damián entre sí y deliberan sobre el caso de algún enfermo concreto. Tecla también solía preguntar en sus epifanías a los incubantes de qué estaban aquejados y cuál era su deseo.

Los santos presentan en estos diálogos los rasgos filantrópicos de todo taumaturgo. Tecla se aparece y sonríe a Basilio cuando éste empieza a desfallecer en su empresa de relatar las obras de la santa. Se complace sonriente ante las respuestas ingeniosas de sus clientes. Monta, sin embargo, en cólera cuando alguien intenta menospreciarla en la solemnidad de su culto. Cosme y Damián se muestran, asimismo, con rostro alegre y sonriente a sus pacientes. Se ponen con gentil sonrisa en contacto con los incubantes y se interesan por su enfermedad. Sonríen irónicamente ante el desaliento de los incubantes, cuando éstos desesperan ya de la protección divina, y vuelven a sonreír con complacencia
en la aparición de despedida, una vez satisfecho su deseo. Estos mismos santos se revelan, empero, airados con cierto pagano que los confunde con las divinidades helenas, y con un hereje, a quien conminan a abandonar el templo una vez recobrada la salud, pues les resulta abominable su herejía. Reprenden también al rico abogado Víctor por su tacañería a la hora de recompensar al carnicero Héspero, por medio del cual había recibido la salud. No profieren Cosme y Damián, sin embargo, los juramentos, ni adoptan los rasgos terroríficos de algunas de las epifanías de Ciro y Juan en Menuthi(1).

Los santos operan sobre sus clientes con una dynamis invisible  y dejan tras su epifanía una suave fragancia. A menudo se presentan con vestiduras refulgentes  o rodeados de un resplandor tal, que cegaba la vista de quienes lo contemplaban. Estas características de las epifanías de nuestros taumaturgos no son exclusivas de las hagiografías cristianas: Los autores paganos ofrecen abundantes paralelos de experiencias religiosas similares. Coinciden, por otra parte, con la afirmación de Jámblico de que las epifanías divinas son aprehendidas de una manera global por los diferentes sentidos.

Reiteración de las Epifanías

En ciertas ocasiones las epifanías de los santos se repiten en una misma noche o en noches consecutivas. Esta reiteración obedece generalmente a la reticencia de los enfermos, sea ésta motivada por la falta de fe de los incubantes, o se deba a su extrañeza por lo paradójico de la terapia. La multiplicación de las epifanías a causa de las desviaciones dogmáticas es muy frecuente en los Thaumata de Sofronio. Ciro y Juan se aparecen una y otra vez hasta que sus clientes se acogen a la ortodoxia de Calcedonia(2).

A fines proselitistas obedece también la secuencia de epifanías: un hereje y un pagano pasan por la experiencia de ver el desprecio con que por su condición heterodoxa los terapeutas los tratan. Cosme y Damián los ignoran en su visita médica, en tanto que repartían sus cuidados entre los cristianos ortodoxos. Hemos de señalar el hecho, sin embargo, de que estas visitas también creían tenerlas los paganos. Los santos se le aparecieron al fin a un pagano, que confundía a nuestros terapeutas con Cástor y Pólux, y enfurecidos le dijeron que ellos no eran las divinidades a quien él invocaba. En una segunda epifanía, Cosme y Damián le aclaran que son los servidores de Cristo y que, si tiene fe en su Maestro, recibirá de Él la curación. Finalmente, como el pagano promete reconocer a Dios como Maestro y Señor de vida, se le aparecen de nuevo los terapeutas y le liberan de su dolencia. Asimismo, otro hereje les escuchó a los santos esta conversación: «¿Qué te parece de éste que ya lleva mucho tiempo?», replicando el otro de forma que pudiera oírle el enfermo: «Déjale ahí fuera. ¿No se ha demorado? Ea, en primer lugar liberemos a los ortodoxos y éste ya se dará prisa». A los dos días de esta visión les vuelve a ver el hexacionita deliberar sobre su caso. Le hacen una cura y a la noche siguiente se le aparecen de nuevo, manifestando su repulsa a su herejía. Tres veces se le aparecen también Cosme y Damián a la hebrea hasta que ella accede al tratamiento prescrito por los santos. La triple epifanía de estos relatos obedece a fines de índole doctrinal.

La reiteración de las epifanías es en otras ocasiones un recurso literario que resalta la actuación paradójica de los santos. A un hombre aquejado de fuertes dolores, San Artemio le hace ir hasta tres veces a la forja de un herrero para curarle sus testículos. A un enfermo se le hubieron de aparecer los santos nada menos que cuatro veces hasta conseguir hacerle beber la pócima recomendada. El incubante se resistía a tomarla por considerarla remedio inútil y perjudicial. Durante tres noches consecutivas se manifestaron también Cosme y Damián a unos enfermos para que éstos cumplieran lo ordenado.

La multiplicación de las epifanías suele estar en estrecha relación con los ensueños prostagmáticos. La sucesión de las epifanías está también encaminada al fortalecimiento de la fe de los enfermos. Una mujer de Laodicea recibe tres veces la visita de los taumaturgos: la primera noche, para interesarse por su estado y hacerla saber que se encontraban con ella; la siguiente, para aplicarle la terapia que curaría su dolencia; la tercera, para recetarle un fármaco que había de aplicarse como lenitivo. El motivo de esta tercera epifanía, afirman los Titaumata, fue confirmar a la paciente en su fe.

Una variante de la reiteración de las epifanías se encuentra cuando el paciente recibe una primera visita del santo antes de obtener la epifanía salutífera. Se trata de epifanías preincubatorias que han de ser incluidas en el contexto de la incubatio. Su motivación, tanto psicológica como literaria, es de la misma índole que las epifanías incubatorias propiamente dichas. A una mujer que permanecía con su hijo en el templo de la Theotokos, se le apareció alguien en sueños y le dijo: «Lleva a tu hijo a Oxela, al templo de San Juan; permanece junto a San Artemio y tu hijo se recuperará». Esta mujer va al templo indicado y al poco tiempo se le aparece Artemio. Obsérvese la coincidencia de ideas en el sueño. Es el único milagro en que se menciona expresamente durante el sueño a la Theotokos, y se trata precisamente de una paciente que se traslada al templo de San Artemio a causa de la visión preincubatoria obtenida en el de la Madre de Dios. A este tipo de epifanías pertenece la del santo que se aparece al enfermo y le aconseja acudir a su mansión si quiere curarse. Ciro y Juan dispensan también a sus pacientes epifanías preincubatorias aconsejándoles ir a su santuario.

Hora y lugar de las epifanías

La epifanía de los santos terapeutas acontecía habitualmente en el sueño durante la noche, o bien al despuntar el día, o en las últimas horas de la tarde. Esto coincide con la afirmación de Jámblico de que los ensueños theopernptoi suceden cuando el sueño nos abandona y empezamos a despertar y con los modernos resultados de la investigación científica que confirman que los mejor recordados son los tenidos en un estado de duerme-vela. En la hora mágica del mediodía realizan también de vez en cuando los taumaturgos «sus visitas». La aparición de daimones en el momento cenital del día pertenece a la tradición de la literatura griega y romana y es un topos heredado por los escritores cristianos para caracterizar tanto las apariciones de los daimones como las de los santos. En un manuscrito se lee que la visita terapéutica de Artemio a un niño enfermo en Africa tuvo lugar el mismo día y a la misma hora en que su padre preparaba la vela al santo. ¿Hasta qué punto no se puede considerar este milagro como un eco del relato evangélico de la curación del siervo del centurión en el mismo día y a la misma hora en que Cristo la prometió?. En las narraciones de incubatio asoman los topoi propios de todas las curaciones milagrosas, cuyo fin es la edificación de los oyentes y el encomio de los taumaturgos.

El lugar propio de las epifanías de los incubantes era el santuario del dios o santo a donde acudía el enfermo confiado en las virtudes terapéuticas del mismo. Pero los Thaumata presentan además otras epifanías acaecidas en el exterior del templo. En el recinto del santuario, no en su interior, se le aparecen Cosme y Damián a un paralítico en los baños del Kosmidion. También Ciro, relata Sofronio, se aparece una vez a un paralítico en los baños del templo de Menuthi. Blémides recibe una epifanía de los anargyroi en la era del santuario, cuando se encontraba allí en espera de que se abrieran las puertas para poder implorar a los santos su curación. Jorge el Rodio tuvo la visión salutífera de Artemio cuando se hallaba en las letrinas del templo, y lo mismo le sucedió a otro cliente de Ciro y Juan. Tecla libera de la muerte a una mujer al aparecerse junto a ella e impedir que se tirase a uno de los pozos del recinto sagrado. Existe también el caso de enfermos que reciben el sueño incubatorio cuando, tras una larga e infructuosa estancia en el santuario, regresan desolados a sus casas. Este tipo de epifanías se encuentra también en los iamata de Asclepio.

Algunos enfermos que de tierras lejanas habían llegado a Constantinopla a suplicar a Artemio la liberación de sus dolencias obtienen la visión salutífera en el barco a la vuelta a su patria. Otros enfermos de reciben el sueño del santo en su domicilio después de su regreso del santuario.

Estas epifanías postincubatorias de Artemio, ya en el mar (a los enfermos que venían de lejos), ya en sus respectivos domicilios, debían de ser frecuentes entre los clientes del santo. Así se deduce de las palabras de un clérigo del templo a un enfermo a quien le dijo al despedirle: «A bastantes, en efecto, el Santo, después de haber pasado una temporada y haber abandonado (el santuario), les visitó en el mar y en sus casa».

A Eufemia, encargada de cuidar las candelas del templo del Precursor o San Artemio, se le aparece en sueños Artemio, cuando yacía enferma en casa de sus padres. En otras ocasiones, la experiencia onírica de los enfermos se da en lugares ajenos al templo de los taumaturgos. Así, un enfermo fue curado cuando se hallaba en los baños de Dagisteo y otro en los baños de Xenon de Pasquentio(3). Artemio se aparece a un monje en el monasterio de la Theotokos de la isla de Platea, el cual por circunstancias especiales no pudo ser trasladado a Constantinopla al templo del Precursor, pero tenía todas sus esperanzas puestas en San Artemio. Igualmente, Cosme y Damián se aparecen al monje Macario en el monasterio constantinopolitano de Chóra(4) y en sueños le dicen que son los médicos del Kosmidion que han recibido de un superior orden de concederle sus cuidados. También a una enferma, cuyo marido era ferviente devoto de los santos y asiduo visitante del Kosmidion, se le aparecen en sueños Cosme y Damián en Laodicea(5), ciudad en la que se hallaba con su consorte por razones de trabajo de éste.

Creemos licito considerar estas epifanías extra temptum como epifanías incubatorias, puesto que en ellas se ha cumplido el requisito necesario del acto incubatorio. Los enfermos han mostrado su voluntad de acudir al templo y cifran todas sus esperanzas de curación en los santos. Aunque los enfermos a quienes se aparece el santo han dado ya por finalizada su estancia en el santuario, de hecho estaban predispuestos psicológicamente por sus vivencias religiosas en el templo a este tipo de experiencias somniales o alucinatorias. Desde un punto de vista psicológico, el proceso desencadenante de estas epifanías ύπαρ, es el mismo que motiva las epifanías ὀναρ, habituales en la incubatio. No cabe poner en duda que la «realidad» psíquica de estas epifanías tenía la objetividad subjetiva de las apariciones de los santos a los incubantes que dormían junto a sus reliquias. En cuanto a las epifanías recibidas por enfermos que no «habían incubado» previamente en el santuario, hemos de hacer notar que en todos los casos se trataba de personas muy devotas de los santos que de alguna manera habían compartido la curación numinosa de parientes o amigos, y que de haber podido se hubieran trasladado al templo del curador. Si de hecho no se personaron físicamente en el santuario, de algún modo estuvieron presentes en espíritu. Y dado que la incubatio alcanzó su difusión por tratarse de un fenómeno religioso de origen y de naturaleza psíquico-espiritual, creemos poder incluir dentro de dicho fenómeno estas epifanías como pertenecientes a un acto de incubatio in distaus perfectamente admisible dentro del marco psíquico-religioso de la incubación. Se confirma con esto lo que decíamos más arriba de que el sueño incubatorio o iatromántico no se caracteriza como afirmaba Bouché-Leclercq «por haber sido enviado con un fin determinado en un lugar especialmente destinado a las consultas médicas», sino que más bien se debe a unos desencadenamientos psicológicos normales, favorecidos por las creencias del marco socio-religioso en donde se desarrollaba la vida de las personas que obtenían tales ensueños.



Mercedes López Salvá

Parte I - Parte IIcontinuará


Notas

1)  Cf. N. Fernández Marcos, Los Thaumata de Sofronio, Madrid, 1975, páginas 67 ss. En este libro se hace un estudio exhaustivo del fenómeno de la incubatio en Menutbi a través de las colecciones de milagros de Ciro y Juan atribuida a Sofronio de Jerusalén. Dedica un capítulo a las epifanías oníricas de los taumaturgos (pp. 61-85). Este trabajo tiene el mérito de ser el primero que se plantea a fondo el fenómeno de la incubatio cn el cristianismo, en concreto, en la localidad de Menuthi, a pocos kilómetros de Alejandría y de ser en esta dirección el único hasta ahora publicado.
2) V. Fernández Marcos, op. cit., pp. 80 ss.
3) Sobre los baños de Constantinopla, cf. R. Janin, Constantinople Ryzantíne, París, 1950, pp. 216 ss.
4) Antiguo monasterio constantinopolitano hoy convenido en mezquita, cf. R. Janin, «Églises et monastéres de Constantinople», en La Géographie Ecclesiastiqué de l‘empíre byzantine, París, 1953, Pp. 545-553.
5) S.V y en PW XII 1.722 ss.






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